El fútbol es pasión, sacrificio y sueños que se construyen en equipo. Es la cancha donde el talento y la perseverancia convierten a jugadores y jugadoras en referentes.
Pero no todos viven ese escenario como un lugar seguro. Para muchas personas LGBTI+, el deporte —incluido el fútbol— también significa enfrentar discriminación, prejuicios y silencio obligado.
El 19 de febrero, Día Internacional contra el LGBTI-Odio en el Deporte, nos invita a mirar de frente esa realidad. Nos llama a reflexionar sobre años de exclusión y sobre la necesidad urgente de construir espacios verdaderamente inclusivos.
Porque la pasión por la pelota no tiene orientación ni identidad: es universal.
Promover el respeto en el deporte es una responsabilidad de todos. Desde los clubes hasta las tribunas, pasando por entrenadores, dirigentes e hinchas, todos somos parte del cambio.
El fútbol argentino, tan arraigado a la cultura popular, tiene la oportunidad de liderar con el ejemplo y demostrar que la diversidad también juega en equipo. Sin odio, sin miedo y con igualdad de oportunidades para todos.
Un Campo de Juego Atravesado por la Discriminación
Durante décadas, el deporte —y el fútbol en particular— se organizó bajo estructuras rígidas que reforzaron estereotipos de género difíciles de romper. Las competencias se dividieron históricamente en categorías masculinas y femeninas, como si esa lógica binaria fuera la única posible.
En ese esquema, miles de deportistas quedaron al margen. Personas cuya identidad o expresión de género no encajaba en esas normas fueron privadas de competir en igualdad de condiciones.
El prejuicio, sumado a la falta de formación en diversidad, empujó a muchos y muchas a abandonar la actividad. La homofobia, la transfobia y la lesbofobia no solo aparecen en insultos desde la tribuna o en vestuarios hostiles. También se expresan en menos oportunidades, en referentes invisibilizados y en reglamentos que excluyen en lugar de incluir.
El 19 de febrero no es una fecha al azar. Conmemora el nacimiento de Justin Fashanu, delantero inglés y afrodescendiente que en 1990 se convirtió en el primer futbolista profesional en declarar públicamente su homosexualidad.
Tras hacerlo, sufrió un fuerte acoso homofóbico que marcó su vida. Ocho años después, atravesado por esa persecución, tomó la trágica decisión de suicidarse.
Su historia es un llamado urgente a construir un fútbol más humano, más justo y verdaderamente inclusivo.

Impacto de las Normas Excluyentes
En muchas disciplinas, los reglamentos todavía no reflejan la diversidad real del deporte actual.
Las exigencias como los controles de testosterona para atletas trans o la prohibición de competir en la categoría acorde a la identidad de género funcionan como barreras concretas.
No solo condicionan el desarrollo profesional, sino que también transmiten un mensaje de desconfianza y deslegitimación hacia quienes simplemente quieren jugar.
En los últimos años, distintas federaciones adoptaron posturas restrictivas frente a la participación de deportistas trans y no binaries, bajo el argumento de supuestas “ventajas injustas”.
Sin embargo, el rendimiento deportivo no depende únicamente de una variable hormonal. La preparación física, la técnica, la disciplina táctica y la fortaleza mental pesan tanto o más que cualquier otro factor biológico.
Esta tensión constante generó que muchas personas se alejen del deporte que aman. Otras debieron recurrir a instancias judiciales para defender un derecho básico: competir.
La cancha debería ser un espacio de igualdad y superación. Cuando las reglas excluyen, el fútbol y el deporte en general pierden su esencia más noble: la posibilidad de que cualquiera, con esfuerzo y pasión, pueda formar parte del juego.

El Deporte como Espacio de Resistencia e Inclusión
A pesar de las barreras históricas, la comunidad LGBTI+ ganó terreno en el deporte y también en el fútbol.
En los últimos años crecieron clubes y ligas inclusivas que priorizan el respeto, la diversidad y el juego sin discriminación.
Equipos de distintas disciplinas nacieron con una convicción clara: que la orientación sexual o la identidad de género no sean un obstáculo para ponerse la camiseta y salir a competir.
En el alto rendimiento, figuras como Megan Rapinoe, Ian Thorpe, Gus Kenworthy y Fallon Fox visibilizaron sus identidades y enfrentaron prejuicios, abriendo camino a nuevas generaciones.
En Argentina, proyectos como Ciervos Pampas y SAFI Diversidad demuestran que otro deporte es posible: uno donde el respeto también juega de titular y nadie queda afuera. ¡Demuestran que es posible practicar deporte sin miedo a la discriminación!
El Rol de los Hinchas y los Medios en un Fútbol más Inclusivo
Transformar las estructuras deportivas es clave, pero no alcanza si no cambia también la cultura futbolera.
En muchas canchas, los insultos homofóbicos todavía se disfrazan de “folklore”, sosteniendo un clima que excluye y lastima. Erradicar el LGBT-odio en el fútbol implica revisar esas prácticas, educar a la hinchada y promover campañas de concientización que dejen en claro que la discriminación no es parte del juego.
Las sanciones, cuando corresponden, también son necesarias para marcar límites.
Los medios de comunicación cumplen un papel determinante. La forma en que se habla de deportistas LGBTI+ construye sentido común.
Informar con respeto, evitar el enfoque morboso y poner el foco en el rendimiento deportivo —sin reducir la identidad a un titular— ayuda a normalizar su presencia en el ámbito profesional.
Dar voz, visibilidad y contexto es parte de la responsabilidad periodística.
Un fútbol verdaderamente popular es aquel donde todas las identidades pueden alentar, jugar y competir sin miedo.
La Representación en el Deporte
La representación en el deporte es mucho más que una cuestión simbólica: es una herramienta concreta para construir inclusión y respeto.
En el fútbol y en cada disciplina, ver reflejada la propia identidad marca la diferencia. Para infancias, juventudes y personas adultas LGBTI+, contar con referentes visibles sostiene la pasión y reafirma que hay un lugar para todos dentro de la cancha.
Cuando un atleta LGBTI+ compite al más alto nivel y lo hace siendo quien es, envía un mensaje poderoso: la identidad no es un obstáculo para el rendimiento ni para el talento.
Esa visibilidad inspira, motiva y rompe silencios que durante años pesaron más que cualquier derrota.
Pero la representación no impacta solo puertas adentro de la comunidad. También interpela a la sociedad en su conjunto.
La presencia de deportistas diversos desafía prejuicios, amplía miradas y ayuda a desarmar estereotipos arraigados sobre orientación sexual e identidad de género.
Cada vez que alguien se ve reflejado en un jugador o jugadora profesional, se avanza hacia un deporte más justo.
La visibilidad es resistencia, sí, pero también es esperanza: la posibilidad real de que la igualdad deje de ser excepción y se convierta en regla.
“A mí el fútbol me salvó la vida. La pasaba mal por la discriminación que vivía día a día. Terminó siendo una terapia para mí, una contención psicológica”.
Mara Gómez, primera futbolista trans en jugar en primera división en Argentina.

Futbolistas que han Declarado Abiertamente su Orientación Sexual:
- Justin Fashanu: fue el primer futbolista profesional en declararse abiertamente gay en 1990.
- Thomas Hitzlsperger: exmediocentro alemán que jugó en equipos como Lazio, Wolfsburgo o Everton y se declaró homosexual tras su retiro.
- Josh Cavallo: futbolista australiano que anunció su homosexualidad en octubre de 2021.
- Anton Hysén: hijo del exfutbolista Glenn Hysén, se declaró públicamente en 2011 y es un defensor de la comunidad LGBTI+.
- Mapi León: jugadora del Barcelona que ha reconocido su homosexualidad en distintas entrevistas.
- David Testo: jugador estadounidense que anunció su homosexualidad en noviembre de 2019.
- Collin Martin: en 2018 se convirtió en el tercer futbolista profesional estadounidense en declarar que era homosexual.
- Jakub Jankto: futbolista del Getafe, actualmente cedido en el Sparta Praga, anunció su homosexualidad en febrero de 2023.
- Nicolás Fernández: en febrero de 2019, se convirtió en el primer futbolista argentino en reconocer públicamente que es gay.
Hacia un Deporte Sin Exclusión
El 19 de febrero nos deja un mensaje claro: el deporte es un derecho y debe serlo para todas las personas, sin distinción.
La lucha contra el LGBTI-odio en el fútbol y en cada disciplina no se resuelve de un día para otro, pero los avances en visibilidad, educación y políticas inclusivas demuestran que el cambio es posible.
El fútbol, el básquet, el atletismo y cada competencia pueden transformarse en verdaderas herramientas de integración social cuando se sostienen en valores de respeto e igualdad.
No alcanza con declaraciones: hace falta compromiso real. Clubes, federaciones, jugadores, jugadoras e hinchadas tienen la responsabilidad de construir espacios donde la diversidad no solo sea aceptada, sino celebrada.
Porque la cancha no debería excluir a nadie. El deporte pertenece al pueblo, a todos y todas quienes sienten la pasión de competir y superarse.
En el césped, en la pista o en la tribuna, lo único que tendría que importar es el amor por el juego y el esfuerzo por dar lo mejor.
El futuro del deporte será inclusivo, diverso y respetuoso. Y ese futuro empieza hoy.
¡El futuro del deporte será inclusivo, o no será!

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