El Fútbol y la Superstición, un Amor Eterno
Si hay algo que el fútbol argentino ha dejado en claro a lo largo de la historia es que la razón y la lógica no siempre explican lo que sucede dentro de una cancha.
Acá no solo se trata de táctica, físico y talento, también hay algo mágico, algo inexplicable que puede definir un partido. Y en ese universo de creencias irracionales, los rituales y cábalas tienen un protagonismo absoluto.
Porque si un delantero se pone siempre la misma camiseta debajo del uniforme, si un arquero toca los tres palos antes de cada penal o si un técnico usa el mismo traje sin lavarlo durante toda una racha de victorias, no es por casualidad. Es porque en el fútbol argentino, las cábalas son casi tan importantes como la pelota.
El jugador que entra siempre con el pie derecho, el hincha que se sienta en el mismo lugar del sillón cada partido, el periodista que usa la misma lapicera para anotar el resultado… Todos creen, todos confían, todos sienten que romper la rutina puede traer mala suerte. ¿Y quién se anima a desafiar al destino?
Desde los mitos urbanos hasta las locuras documentadas, hoy haremos un repaso de los rituales y cábalas más extraños que han marcado a los jugadores argentinos.
Algunos hacen reír, otros hacen dudar sobre la cordura de ciertos protagonistas, pero todos tienen algo en común: fueron llevados al extremo en busca de la victoria.
Porque en el fútbol, creer o reventar es más que un dicho… ¡es una filosofía de vida!

Carlos Bilardo: El Arquitecto de la Cábala Absoluta
Si hablamos de cábalas en el fútbol argentino, hay un nombre que se roba todas las miradas: Carlos Salvador Bilardo. El exentrenador de la Selección Argentina es, sin dudas, el mayor exponente de la superstición en el deporte.
Durante el Mundial de México 1986, Bilardo llevó sus rituales a un nivel casi religioso.
Por ejemplo, cuando la Selección ganó su primer partido en aquel torneo, decidió que todo debía mantenerse igual: los jugadores debían sentarse en los mismos lugares del micro, escuchar la misma música y hasta repetir ciertas frases exactas en las charlas técnicas.
Pero eso no es nada. Cuando descubrió que el utilero olvidó llevarle el bidón de agua «de la suerte», entró en pánico. La solución fue hacer que alguien fuera corriendo al hotel a buscarlo. No importaba si tenían que atravesar media ciudad, el bidón tenía que estar sí o sí en el vestuario.
También está la historia del periodista que, sin saberlo, terminó atrapado en una cábala. Resulta que Bilardo lo saludó antes de un partido y Argentina ganó. Desde ese momento, el DT exigió que lo saludara antes de cada encuentro, sin excepciones. Lo que empezó como una cortesía se convirtió en una obligación. El pobre periodista no podía faltar ni llegar tarde, porque si Argentina perdía, la culpa caía sobre él.
Pero Bilardo no fue el único fanático de las cábalas. Sus jugadores también tenían las suyas. Desde Diego Maradona usando la misma ropa interior en cada partido importante, hasta Ruggeri asegurando que entrar con el pie izquierdo era mala suerte.
En el fútbol argentino, si algo funciona, no se cambia. ¡Y si hay que hacer locuras para ganar, se hacen sin dudar!
Diego Maradona y su Cábala Mundialista
Maradona, más allá de su talento incomparable, también tenía sus creencias. Durante el Mundial de 1986, hubo un detalle que se repitió en cada partido: Diego era siempre el último jugador en salir al campo de juego.
No importaba si tenía que demorarse un poco en el túnel, el Diez se aseguraba de que todos sus compañeros pisaran el césped antes que él. Para él, eso garantizaba que las cosas salieran bien. Y bueno, viendo el desenlace de ese torneo, parece que funcionó.
Pero esa no era su única cábala. En el mismo Mundial, Maradona usó la misma ropa interior en cada partido decisivo. Después de la victoria ante Uruguay en octavos de final, decidió que no podía cambiarla. Así que la lavaba, la secaba y la volvía a usar. Si había que confiar en el destino, mejor no dejar cabos sueltos.
Otro de sus rituales tenía que ver con la música. Antes de salir a jugar, Diego tenía una lista de canciones infaltables. Entre ellas, “La mano de Dios”, que con el tiempo se convirtió en un himno maradoniano. Escucharla antes de un partido importante era casi obligatorio.
Incluso en su etapa como técnico de la Selección en el Mundial 2010, Maradona seguía con sus costumbres. En cada partido, llevaba dos relojes en la muñeca. Uno marcaba la hora de Argentina y el otro, la del país en el que se jugaba. Era su manera de sentirse conectado con su tierra.
Diego era puro talento, pero también era un futbolista que creía en los pequeños rituales que, de alguna forma, lo acercaban a la victoria.
Y cuando se trata de Maradona, ¿quién se anima a decir que no funcionaban?

Juan Román Riquelme y sus Costumbres
Riquelme es un jugador al que siempre se lo identificó con la tranquilidad, la paciencia y una forma de jugar que parecía desafiar la urgencia del fútbol moderno. Pero también tenía sus cábalas. Una de ellas era su mate.
Antes de cada partido, Riquelme tomaba mate de la misma bombilla y con la misma cantidad de yerba. Según cuentan sus compañeros, si algo alteraba ese ritual, Román se ponía de mal humor.
Incluso se dice que una vez rechazó un mate porque alguien había cambiado la bombilla y, según él, «no era el mismo sabor«. Y claro, si la pelota tenía que correr a su ritmo, el mate también.
Pero el mate no era su única cábala. Riquelme tenía una forma muy particular de atarse los botines antes de los partidos. Siempre lo hacía en el mismo orden, empezando por el pie derecho, con tres tirones en cada nudo. No importaba si estaba en la Bombonera, en la Selección o en un picadito con amigos: ese ritual era innegociable.
Otra de sus costumbres tenía que ver con la salida al campo de juego. Román siempre pisaba la cancha con el pie derecho primero y, en algunos estadios, se tocaba el corazón antes de empezar a jugar.
Riquelme contó la cábala que tuvo en Boca para la Libertadores 2007, cuando terminaba cada partido abrazaba a Clemente (Rodríguez), le besaba la cabeza y Clemente le decía ‘ahora nos quedan seis’ (y así sucesivamente).
Además, Juan Román Riquelme utilizó la misma remera negra en 3 campeonatos logrados: la Superliga 2020, Copa Argentina 2021 y la reciente Copa de la Liga 2022. Esta camiseta, incluso, se vende en internet a unos 54 dólares (50 euros),
Para él, cada partido era un compromiso, y esos pequeños gestos eran su manera de asegurarse de que todo estuviera en armonía.
Sus cábalas, como su juego, eran sutiles, meticulosas y perfectamente sincronizadas.
Porque en la cancha, como en la vida, Román siempre tuvo su propio ritual.
Otros rituales insólitos
Las cábalas en el fútbol argentino no son exclusivas de entrenadores o estrellas consagradas. Hay jugadores que han llevado sus rituales a niveles insólitos:
Sebastián Abreu:
Aunque uruguayo, Sebastián «el Loco» Abreu dejó su huella en el fútbol argentino, no solo por sus goles y su particular forma de definir los penales, sino también por sus cábalas. Una de las más firmes era su lugar en el vestuario. Siempre debía sentarse en el mismo sitio, sin excepciones. Si alguien llegaba antes y ocupaba su lugar, el Loco lo hacía mover, sin importar si era un compañero, un utilero o el mismísimo técnico. Para Abreu, cambiar de asiento era sinónimo de cambiar la suerte, y él no estaba dispuesto a correr ese riesgo.
Sergio Goycochea:
Si hay una cábala en la historia del fútbol argentino que roza lo insólito, es la de Sergio Goycochea. En el Mundial de Italia 90, el arquero suplente terminó convirtiéndose en héroe en las definiciones por penales, pero con un ritual poco convencional: antes de cada tanda, orinaba en el campo de juego. No por comodidad, sino por cábala. Lo hizo contra Yugoslavia y contra Italia, y en ambas ocasiones Argentina salió victoriosa. Desde entonces, esa extraña costumbre quedó grabada en la historia de los mundiales.
Martín Palermo:
El «Titán» tenía su propia superstición: durante una racha goleadora, usaba siempre la misma venda en el tobillo. Para él, esa venda tenía algo especial, una especie de amuleto que aseguraba que la pelota siguiera entrando. Pero un día, por alguna razón, decidió cambiarla… y dejó de hacer goles por un tiempo. Desesperado, intentó recuperarla, pero ya era tarde. Desde entonces, Palermo nunca más subestimó el poder de una simple venda.
Conclusión: Entre la Razón y la Pasión
El fútbol es impredecible, caótico, emocionante. Un día sos héroe, al otro villano. Quizás por eso las cábalas tienen tanto peso en la mente de los jugadores. Son como pequeñas islas de certeza en un mar de incertidumbre.
Desde afuera, pueden parecer ridículas, exageradas, hasta absurdas. Pero para quienes viven el fútbol desde adentro, son algo sagrado, intocable. Para ellos son un refugio de seguridad en un mundo donde todo puede cambiar en un segundo
En el fútbol argentino, la pelota no es lo único que rueda. También giran las supersticiones, los rituales, las manías inexplicables. Un jugador puede entrenar toda la semana, estudiar al rival, preparar el partido al detalle, pero si no se pone los botines en el mismo orden de siempre, siente que todo está perdido. ¿Es irracional? Sí. ¿Funciona? A veces. ¿Importa? Para ellos, muchísimo.
Porque en el fútbol argentino no solo juegan los pies y la cabeza, también juegan las creencias.
Cada vestuario es un mundo lleno de gestos repetidos al milímetro: el que entra a la cancha con el pie derecho, el que reza antes de cada partido, el que no cambia de ropa interior mientras dure la racha ganadora. Son pequeñas rutinas que, en la mente del jugador, marcan la diferencia entre ganar y perder.
Y si llevar siempre el mismo calzoncillo, tocar los tres palos antes de un penal o saludar a un periodista puede hacer que un equipo gane, entonces, ¡bienvenidas sean las cábalas!
Porque el fútbol no es solo táctica, esfuerzo y talento. Es también pasión, fe y un poco de locura. Y en Argentina, donde la pelota es religión, las cábalas son su dogma.
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